8 acciones para asegurar la inmunidad de nuestros hijos en la separación

Todos los niños, desde que nacen, crecen con la idea de que su familia será para siempre. Pero puede ocurrir que los padres, por distintas y variadas razones, decidan no continuar con su relación de pareja.

La decisión de unos padres de separarse es muy meditada, sobre todo si hay niños de por medio. Además de afrontar la ruptura de pareja es un momento de incertidumbre, desconfianza y miedo.

Este tándem de emociones pone en peligro tanto a los padres a nivel individual, como a los hijos.

¿Qué hacer antes de la separación?

1º- Ponerse de acuerdo en lo que se le va a decir al niño y hablar con él, no darle información diferente que le causaría confusión.

2º- En esta conversación tienen que estar ambos padres.

3º- Hay que dejarle claro que él no tiene la culpa de lo que ha pasado.

4º- Hay que decirle todo lo que se le quiere, que eso no ha cambiado, pero que papá y mamá no se comprenden y se pelean mucho.

5º- Es importante que ellos sepan que la separación es algo triste, y que pueden hablar de ello las veces que quieran. Es recomendable buscar momentos para hablar con ellos para que expresen sus emociones y pensamientos acerca de la situación.

6º- De común acuerdo decidir ambos progenitores no utilizar a los hijos como una forma de presionar al otro bajo ninguna circunstancia y respetar siempre al otro en las conversaciones.

7º- Decidir que días estará con cada uno de los padres.

8º- Procurar no convertir a nuestro pequeño en un “niño mochila”, es decir, lo lógico es que tenga ropa y pertenencias personales en ambos domicilios. Los niños al igual que los adultos necesitan sentir un espacio de arraigo y seguridad.

¿Cómo afecta al niño la separación de los padres?

Los niños suelen vivir esta nueva situación con tristeza, ansiedad o incluso en ocasiones, culpa.
A veces pueden pensar que fue algo que ellos hicieron lo que provocó que sus padres se hayan separado.
Suele pasar que el niño se bloquee y no quiera expresar sus emociones.

El cómo afecte al niño la separación de sus padres viene relacionado…
Con los problemas familiares antes y asociados a la separación, con la edad y maduración del niño, etc.

Crisis nerviosas o depresivas
Si la tensión en casa tras la ruptura de los padres llega a otros miembros de la familia, y se enfrenta a discusiones y enfrentamientos violentos.

Negación
Los niños suelen negarse a admitir que sus padres se han separado e insisten en que puede haber una reconciliación. Es mucho más habitual de lo que pensamos que el pequeñ@ fantasee que sus padres van a volver a estar juntos.

Problemas de sueño
Sobre todo al inicio de la separación, pueden tener problemas para dormir y pueden sentir miedo a que sus padres lo abandonen.

Más irritables
Se encuentran más irritables de lo normal.

Conductas regresivas y síntomas psicosomáticos
Pueden volver a hacerse pipí encima cuando ya no se hacían. Dolores de cabeza o de barriga. Esto es una manera de expresar su malestar ante la separación de sus padres.

Llanto frecuente
Suelen llorar con frecuencia, por eso es importante mostrarles nuestro apoyo, tranquilizarlos y acompañarlos para facilitar que expresen el dolor que sienten.

Chantaje emocional
Puede aparecer este tipo de chantaje en algunas situaciones en las que uno de los dos padres le riñe: es muy importante no caer en estos chantajes.

Problemas escolares
Puede bajar su rendimiento en el colegio debido a la situación que se está viviendo en casa.
En definitiva, aparecen sintomatologías muy dispares que forman parte del proceso del duelo, cada niñ@ lo padece de un modo distinto.

El proceso inicial de comunicación entre las partes y procurar ser asépticos, será lo que le facilite el proceso. Esto no significa que los padres no atiendan su dolor, o lo tapen, o usen al niño para mitigar el dolor.
Es una situación muy dura para todas las partes, por ello, las emociones que emergen deben ser escuchadas para atravesar el dolor.

¿Cómo podemos ayudar al niño frente la separación de los padres?

Debemos dejar a los niños manifestar sus sentimientos de frustración, rabia, tristeza, y darles nuestro cariño, no hemos de juzgarlos.

Si es necesario buscar la ayuda de un profesional porque el niño puede sentirse más libre de hablar y expresar sus pensamientos y emociones a alguien ajeno a la familia, ajeno a lo que está ocurriendo en su casa.

Los padres deben explicar y hablar con el niño para que la situación sea lo menos dolorosa posible, no debe presenciar gritos, insultos ni discusiones violentas. Si las hubiera, el niño no debe estar delante.

Excluir al niño de la tensión que se genera por la separación.

No desprestigiar nunca al ex-cónyuge; puede destruir la imagen paterna o materna, que son muy importantes para el niño.

El niño debe disponer de un espacio propio tanto en la casa que viva como en la casa del padre que se haya marchado.

Los niños quieren ver felices a sus padres, aunque sea con una nueva pareja. La infelicidad de sus padres les provoca malestar.

Mantener los vínculos afectivos con abuelos, tíos, primos de ambas partes.

Hay que evitar el exceso de permisividad y llenarlo de regalos. Hay que actuar siempre de común acuerdo con el otro progenitor.
No debemos alterar las rutinas diarias del niño a pesar de la separación de los padres. (Llegar a acuerdos).

Es una situación complicada, pero haciéndolo bien ambos progenitores todo será menos doloroso y mejor para todos. Aquí hemos visto qué debemos hacer para que el daño sea el menos posible ante la separación de los padres.

Los progenitores deben evitar opinar de la otra figura en presencia del menor, tampoco usar de mensajero al niño para nada de adultos.

Ejemplos:

“Dile a tu padre/madre que te compre ropa que aporte algo “
“Dile a tu padre/madre que tienes que hacer los deberes y dormir pronto”
“Hij@ vienes muy sucio, ¿Te ha duchado tu padre/madre?

Buscar evidencias para demostrar que el progenitor no es adecuado crea un daño emocional enorme en el hij@, dado que al final siente responsabilidad.

El uso del espacio terapéutico ayuda en un primer momento donde las partes se mueven desde el dolor a crear un canal de comunicación y de acuerdos para que los daños colaterales sean los menos posibles.

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