Dejar atrás los miedos

Toc toc…

– ¿Quién es?

– Ábreme la puerta y lo sabrás…

– Pero como voy a hacer algo así, me arriesgo a que seas un desquiciado que quiere matarme, o incluso un ladrón provisto de guante blanco, o un guante blanco provisto de ladrón.

De ninguna de las maneras abriré esta puerta que me protege, de ninguna manera abriré mis puertas para protegerme; no, no y No!

– ¿Para qué has venido?

– Traía un regalo para ti y quería dártelo en mano…

– Que listo eres, piensas que caeré en esa trampa, es tan típico y cada vez estoy más convencida de no abrirte esa puerta, más convencida de no abrir mis puertas a abrir ese regalo.

– Bueno, no te preocupes si no me crees me iré con tu regalo.

– Esperaaaa, ¿me dejas verlo por lo mirilla para así creerte?

– No

– Vessss estaba claro sólo quieres hacerme daño y me vienes con regalos falsos, siempre es igual, me venden una cosa y al tiempo me doy cuenta de que compre otra.

– (Silencio…).

– (Él espera apenado tras la puerta, piensa en qué hacer ante tal desconfianza, si ella no le ve no tiene nada que hacer con ese regalo, da igual lo que diga o haga).

– (Ella ante el silencio comienza a ponerse nerviosa) ¿Éstas ahí?

– Si, pero ya me voy he decidido que no quiero darte ya el regalo…

– No, nooo espera abriré mi puerta (y la abre tan rápido como su miedo le deja).

– (Se miran en silencio y al poco tiempo él dice: demasiado tarde y además tu puerta sigue estando cerrada).

– Candela queda en la puerta llorando como una niña con su miedo abrazándola fuerte, tendría que haber confiado esta vez…

El chico que había tras la puerta era Lucas, un chico que conoció por casualidad en una feria del libro. Estaban en el mismo puesto y pidieron a la vez el mismo libro, a diferentes personas, se lo dieron a Lucas; en ese momento Candela sólo le dijo: que suerte te llevas un libro de Momo, me encanta.

A Lucas le esperaba su amigo en un banco frente al puesto, al llegar junto a él, dijo me encanta… y Felipe se sonrió diciendo: y por eso te lo has comprado, pero para su sorpresa Lucas seguía mirando a Candela; como las casualidades no existen resulto que esa chica vivía en la casa de al lado de los abuelos de Felipe, donde Lucas había estado alguna que otra vez.

Felipe en seguida le dijo: Lucas dile algo no seas tonto, pero Lucas tenía miedo cogido de su mano esa tarde y, no hizo más que mirarla e irse.

Días más tarde decidió ir a su casa a darle el libro en mano, pero esta vez Candela abrazaba fuerte su miedo…

Los miedos de Candela y Lucas fueron muy felices y comieron perdices…mientras ellos dos no dejaban de pensar en que podría haber sucedido si hubiesen dejado solo esa tarde a miedo.

1 comentario en “Dejar atrás los miedos

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