Señoras y señores… ladies and gentlemen, el circo de la desolación ha llegado a vuestros días; justo hoy, antes de ayer… Acérquense sin miedo, pero con temor, pues estamos en la era del progreso al retroceso. He aquí el porqué de nuestros días.
Para este circo solo hacen falta humanoides, androides y miseraldoides. Lo hemos conseguido: es increíble la fuerza débil del humano; donde ponemos el ojo, posteriormente hace falta un parche.
Pero ahora todo es aún más grave. Esta mañana me crucé con una vecina de toda la vida y quise comprobar si ya pertenecía al nuevo circo; un momento más tarde me arrepentí de saberlo. La gente está cerca, pero lejos; la gente no vive, sobrevive; la gente es desconfiada y competitiva. Mis trapecistas antes adoraban trabajar con el hombre de los leones, y ahora los leones se los quieren comer. Y el enano cariñoso y tenaz pelea contra la mujer cohete; hay rumores de que incluso ha intentado mandarla en el cohete a hacer puñetas.
Antes, cada viaje a una nueva ciudad era intrigante, fascinante, alarmante… Antes la gente adoraba vernos en la carretera, admirados por el mundo circense. Desde que todo es un circo, el de detrás solo quiere ir delante; nos pita en un semáforo cuando la marcha se resiste a entrar.
¿Y qué más da si no hay humanidad? Tenemos móviles de última generación, y los niños ya no juegan a las canicas o a los cromos. Ahora es mucho mejor, porque los niños son pensadores sin remedio: son los dioses, y los padres, los esclavos.
Todo tiene sentido: hacía falta un circo del desencanto para llegar a la era moderna, y felicidades, miseraldoides, lo habéis conseguido. Los humanos cada vez somos menos humanos; ahora somos unos modernos miserables. Matar a una mujer es una noticia esperada, violar a tu compañera de viaje es toda una hazaña; con suerte saldrás en portada después de la exclusiva de la semana, que ella —por su hija— también MA-TA.
Todo está bien: podemos dormir tranquilos porque hacemos todo lo que podemos por ser honrados y, sobre todo, buenas personas… aunque no hayamos conseguido humanizarnos.
Para aquellos que no quieran viajar con el nuevo circo del desencanto, están invitados a mi nueva isla. La he buscado con cariño y esmero. En esta isla no habrá dinero, solo trueques; en esta isla no habrá semáforos ni coches, solo piernas. Y creedme: en esta isla existirán los abrazos, también las personas que dan las gracias y los que piden por favor. Y aunque parezca imposible, habrá niños que serán solo niños: jugarán en los árboles y con la arena en sus pies.
Bienvenidos todos aquellos humanos que quieran lo de ayer para ser felices hoy…